El secreto mejor guardado del verano
Si eres de los que esperan con ganas la llegada del buen tiempo solo por hincar el diente a una buena caja, sabrás que la temporada de cerezas es una de las más efímeras y exclusivas del año. Vuelan rápido.
A diferencia de otras frutas que encontramos en el supermercado durante todo el año gracias a las cámaras de conservación de larga duración, la cereza tiene sus propias reglas. Es una fruta rebelde, delicada y con un reloj biológico muy estricto.
¿Cuánto dura exactamente la temporada de cerezas?
Por norma general, la campaña es corta pero intensa. Dependiendo de la zona geográfica y del clima de cada año, la recolección suele concentrarse entre los meses de mayo y julio.
Estamos hablando de apenas dos o tres meses en los que los agricultores trabajamos a contrarreloj. En el momento en que el fruto alcanza su punto óptimo de maduración en el árbol, no se puede esperar: hay que recogerlo de inmediato. Si quieres saber más sobre los ciclos biológicos de los frutales de hueso, puedes consultar el calendario de cultivos del Ministerio de Agricultura, donde se detalla cómo influye el clima en estas variedades.
¿Por qué es una campaña tan corta?
Que podamos disfrutar tan poco tiempo de ellas no es un capricho, se debe a tres factores clave:
1. No maduran fuera del árbol: Al contrario que el plátano o el aguacate, la cereza detiene su maduración en el momento en que se corta el tallo. Por eso hay que recolectarla en el día exacto.
2. Maduración rápida: Una vez que la cereza cambia de color en el árbol, el proceso final de maduración es rapidísimo.
3. Sensibilidad al clima: Una tormenta inesperada o un exceso de calor pueden dar al traste con semanas de trabajo. De hecho, el exceso de calor en el verano anterior es el culpable de fenómenos tan curiosos como las cerezas dobles (haz clic aquí y descubre más sobre este fenómeno), un claro ejemplo de cómo reacciona el árbol al estrés térmico.




